Expedición al gran lago – Eduardo O´Connor

20 05 2008

Habían llegado navegando por los ríos Negro y Limay desde prácticamente el océano Atlántico, Carmen de Patagones. La expedición náutica fue encabezada por el entonces teniente de la Armada Eduardo O”Connor a bordo de la primera “Modesta Victoria”. 

Vamos transitando hacia los 120 años del notable acontecimiento que tuvo por principal escenario el lago Nahuel Huapi, la “gran laguna” o “gran lago” como también fue nombrado, zona donde algunos escritos ubicaron la “Ciudad de los Césares”. Y asoman en la pantalla ya histórica el marino Eduardo O”Connor -llegaría a contraalmirante- y “su” lancha que bautizó “Modesta Victoria” en homenaje a su esposa y al éxito de expedición náutica. Eduardo O”Connor (18/10/1858-5/4/1921) nació en Mercedes (Buenos Aires) y concretó estudios en la Escuela Naval y en Francia. Estuvo casado con Modesta Castro y tenía acreditada experiencia en navegación fluvial por los ríos Negro y Limay.

Intentos: meta el Nahuel Huapi

Los vaporcitos “Neuquén” y “Río Negro” -de origen británico- fueron las naves que el gobierno nacional destinó para unir el puerto marítimo-fluvial de Carmen de Patagones con el lago Nahuel Huapi. En el primer viaje del “Neuquén”, Comisión Exploradora que estuvo bajo la jefatura de Erasmo Obligado, O”Connor fue su comandante y además encargado de las observaciones astronómicas. La aventura náutica fracasó. El vaporcito a ruedas llegó por el Limay un poco más arriba de la Confluencia y se desarrolló entre el 25 de febrero y el 15 de junio de 1881. El segundo intento, con el “Río Negro” y el marino mercedino también comandante tampoco tuvo éxito. No pasaron de cercanías de la desembocadura del Collón Cura (8 de octubre al 3 de diciembre de 1881). Insistieron los navegantes, nuevamente con el “Río Negro” y similar tripulación -siempre O”Connor comandante- hincaron las aguas del Negro y Limay, pero no pudieron vencer el famoso peñón en el mismo lugar que la anterior expedición (31 octubre de 1882 al 13 enero 1883).
Y llegaría el cuarto viaje expedicionario fluvial, repetido con el “Río Negro”. Esta vez O”Connor sustituyó a Obligado -enviado a Gran Bretaña para la adquisición de otros vapores- y con toda la intención de llegar al “gran lago”, como ocurrió. Cuando estuvieron en el “Peñón Villarino” -así bautizado por ellos- y no pudieron pasar, O”Connor ordenó el regreso del vapor a Carmen de Patagones. Desembarcaron la lancha que, previendo esta nueva contingencia, había hecho construir en el Tigre y con un chinchorro a remolque, a remo, vela y sirga emprendieron la última etapa al Nahuel Huapi.

La “Modesta Victoria”

El ingeniero constructor Guillermo Parfait -bajo la dirección de O”Connor- construyó en su astillero del río Luján (Tigre) la lancha a vela por orden de la Marina de Guerra. Costó 500 pesos de entonces. Desplazaba cuatro toneladas, con 8,06 de eslora, 1,705 m. de manga; puntal, 0,95 y calado medio 0,775 “Construcción en tingladillo, popa a espejo. Aparejo: dos velas al tercio. Sin cubierta y con palamento para ocho remos. Fue llevada a Carmen de Patagones a fines de 1883 en el paquete “Santa Rosa”.
Con la “Modesta Victoria” se hizo todo el recorrido del lago Nahuel Huapi. Se tienen noticias que permaneció hasta 1911 en Carmen de Patagones. Sobre su destino final dice un escrito: “En 1896, el teniente de navío Albarracín, (Santiago J.) al levantar el inventario de las existencias de la abandonada escuadrilla (del río Negro), encontró la famosa lancha ya destruida y en mal estado por el abandono en que la había dejado el contratista De Castro”. Y en otro escrito se expresa que “La lancha permanece en Patagones hasta 1911, ignorándose su destino ulterior”. Esta es la breve historia de la primera “Modesta Victoria”. Con igual nombre otra nave, de mayor volumen, surca actualmente las aguas del gran lago cordillerano.

La recorrida náutica y terrestre

Luego de abandonar el vapor “Río Negro”, Eduardo O”Connor, el subteniente Federico Erdmann, guardiamarinas León L. Zorrilla y Elías E. Romero, contramaestre Pedro Wilson y tres marineros emprendieron el último tramo del Limay, brava corriente en contra y mucho sacrificio para avanzar con la pesada lancha, en la cual además de los nombrados transportaban víveres, armas e instrumental científico: cronómetro, teodolito, cadena agrimensor, quintante y sextante, horizonte artificial de mercurio, sonda automática de Walker, barómetro aneroide y otro de altura (averiado durante el viaje), termómetro centígrado y de máxima y mínima, psicrómetro, pluviómetro y máquina fotográfica. Bien equipados los muchachos marinos de entonces. E.O.C. acababa de cumplir 25 años y era teniente.
Imposible narrar con más detalles las alternativas de esta extraordinaria expedición náutica, pero sí recordar que el 13 de diciembre de 1883 “a 2h 40m pm entraba triunfante en el Lago Nanüel Huapí, con el aparejo largo y el Pabellón Nacional al tope, la lancha que en ese momento se llamó: Modesta Victoria” (sic).
Luego de reparar la avería en la Modesta Victoria se aprontaron para levantar plano del lago y lo iniciaron por la costa norte. Triangulaciones, sondeos, observaciones astronómicas, recorridas por tierra, etc. pero lo más destacado, nombres que impusieron a la -para ellos- flamante topografía. Ensenadas: Hermosa, 1º de Enero y del Cisnal. Islas: General Villegas, Diez Arenas, Victorica (por Benjamín, ministro de Guerra y Marina, hoy isla Victoria), de los Víveres, entre las más importantes. Contaron 27 islas y 4 islotes. Bautizaron a varios ríos como Blanco, Grande, Chico y de las Piraguas. Lagos: Francisco Moreno y Frías. Canal de la Cerveza, cerro 3 de Febrero. Observaron y describieron flora y fauna. La sonda no alcanzó a medir las mayores profundidades, pero pasó los 500 metros. Atmósfera, vientos, oleajes, peces, temperaturas, clima y anteriores exploradores también formaron parte de los escritos que dejaron. Usaron remos y vela. Varias noches durmieron mojados y hasta desayuno con caldo de charque -por carecer de té y café- más jamón de oveja, mate amargo, -algunos días con yerba del anterior-, tarros de conserva y sardinas. Anduvieron dos meses navegando y caminando hasta el 8 de febrero de 1883.
Llevaron diario y produjeron informe. “Los paisajes del lago ofrecen cuadros y panoramas de una belleza incomparable” fue una de las expresiones que les produjo la zona. O”Connor destacó la importancia que para la República Argentina significaba “la posesión del gran lago” agregando en parte del informe al ministro Victorica: “La geografía ha completado la región patagónica en una gran área de extensión y han desaparecido para siempre las leyendas misteriosas que la envolvían en un velo, hasta hace poco imposible de descorrer”. (1883). Además de concretar por primera vez la navegación desde Carmen de Patagones al Nahuel Huapi, los trabajos de Eduardo O”Connor y su gente constituyeron el primer estudio o levantamiento hidrográfico del lago Nahuel Huapi. Y algo más.

– Bibliografía principal: Albarracín, S. J. Estudios, 1886 y La Conquista, 1912. Arguindeguy, P. E. Apuntes, 1972. Ministerio de G. y M. Memoria 1884. Almeida, J. L. Modesta Victoria, 1966. Pérez Morando, H. Varios. O”Connor, E. Informe BCN, 1884 y otros.

Héctor Pérez Morando (*)
(*) Periodista. Primer Premio ADEPA 1998

Anuncios




Diario de una aventura en el Monte Tronador

11 05 2008

“incomparables bellezas”
“creo que he encontrado la meta de mi vida”
“todo me resulta tan extraño, pero estoy muy tranquilo;
aquí estamos en un lugar más hermoso que cualquier otro – por qué tengo que seguir viaje?”

Otto Meiling, 1924, frases de su diario cuando avisto el Monte Tronador

Me encuentro en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en la frontera de nuestro país con Chile, en Pampa Linda a 850 mts sobre el nivel del mar, la base de una de las montañas más bellas que al momento he tenido la suerte de vivir, el Tronador, un viejo volcán que luego de su muy antigua erupción quedo su cumbre conformada por tres picos, el chileno, el internacional y el argentino.

Su cima fue alcanzada por primera vez por Hermann Claussen en enero de 1934, luego de vanos intentos realizados por encumbrados escaladores que conformaron el incipiente Club Andino Bariloche, entre ellos uno de los grandes pioneros de nuestra Patagonia como fue Otto Meiling.

Sus tres picos están rodeados por varios glaciares que descienden de sus cumbres en forma de bravos ríos de hielo. En su avance descendente, al ir copiando la superficie de las laderas generan distintas formas de grietas, saltos y cascadas, como si fuesen hojas, que se abren y cierran en el pasar de los años, de un gigantesco libro. Estos centenarios torrentes helados siguen su lentísimo curso hasta los 1700/2000 mts, allí sus caras formada por enormes masas resquebrajadas cuelgan, como flecos de una gran alfombra blanca, amenazadores sobre las negras paredes de rocas verticales, surcadas por graciosas y delicadas cascadas. Es impresionante ver caer estos grandes Seracs, saltos de hasta 500mts, y es más sobrecogedor aun el oír su pavoroso estruendo, que repercute siniestramente en los cercanos valles como andanadas de poderosa artillería… de allí su nombre… El Tronador …

Su ascensión se realiza desde el lado argentino. Actualmente nos es recomendable procurar la conquista del pico internacional, ya que por el retroceso de los glaciares su cumbre ha quedado muy expuesta a avalanchas de hielo y a derrumbes de grandes rocas que se encuentran sueltas, varias de ellas en estado muy corroído. Es una montaña extensa, la aproximación a la cumbre es una larga travesía de mediana pendiente que se va recorriendo por sobre de sus glaciares, el ataque final al pico argentino representa una escalada exigente, con grampones, piquetas y preferiblemente encordados, ya que en algunos tramos su pendiente supera los 60 grados.

En esta expedición estuve acompañado por dos guías, de gran formación en escalada y hielo por sus pasos en la región del Chalten. El jefe del grupo fue Crai Ross (un duro descendiente de escoceses, que actualmente trabaja en esta montaña), secundando por Pablo Boticelli, quien vive en San Martín de los Andes, gran conocedor de otro espectacular volcán como es el Lanín.

La llegada a la base del Tronador desde Bariloche se realiza por el sinuoso camino que bordea uno de los lagos más lindos de esta zona, el Mascardi, De aguas color turquesa muy transparentes fruto de deshielos y también de los residuos glaciarios que recibe del Tronador. Su desembocadura forma el río Manso, que luego de turbulentos pasajes, ideales para la práctica del raftting, termina muriendo en las costas del Océano Pacífico.

Ya en Pampa Linda y luego de obtener la autorización de ascensión, comenzamos nuestra marcha bordeando las lechosas aguas del río Castaño Overa, formado por los deshielos del glaciar del mismo nombre… Realizados un par de kilómetros en este camino y nos vemos obligados a cruzar el río utilizando un viejo y precario puente formado por un enorme tronco de un gigantesco cohíue abatido por la vejez… Entramos en la zona del bosque, un mundo vegetal, una gran variedad de arbustos, pasajes de helechos y cañas, musgos, líquenes y criptógamas crecen vigorosamente sobre esta empinada y húmeda ladera…

Transitamos un zigzageante camino, conocido como el caracol, en medio de imponentes cohíues, raullíes y lengas, de edades centenarias, muchos de ellos con mayor antigüedad al descubrimiento de nuestro continente… A medida que avanzamos, comenzamos a ver, con mayor claridad, entre sus verdes copas la grandiosidad de los glaciares que circundan El Tronador… Toda la naturaleza se explaya a nuestro alrededor. ¡Que hermosos contraste! ¡Que estupenda maravilla!… A nuestro paso escuchamos una gran cantidad de cantos y silbidos de diversos pájaros… Un Carpintero sigue su repiqueteo en el tronco de un árbol a pesar de nuestra proximidad…

Seguimos el ascenso, la vegetación y la fauna comienzan a ralearse al ir tomando altura, el suelo cada vez más pedregoso. Nos lleva un par de horas alcanzar nuestra primer parada: La Almohadilla, una pampita a 1400 mts de altura. Hacemos un descanso, aprovechamos a hidratarnos y comer unas frutas secas, enseguida, sin perder calor corporal, seguimos camino por un sendero rocoso en busca del primer objetivo…

… el Refugio Otto Meiling, a 1920 mts, se encuentra sobre una plataforma de rocas abrazada por los largos brazos formados por los glaciares Overa Negro y Alerce, sobre su fondo se elevan majestuosas dos de las cúspides candidísimas del Tronador, ya que por nuestra posición geográfica el pico chileno se oculta como sorpresa sólo para los que se animan a ir en su búsqueda… Este refugio de montaña es uno de los mejor equipado y conservado, con un impecable servicio de hospedaje, tanto por su confort y limpieza como por la cálida atención que brindan todos los que en allí trabajan… Diariamente se acerquen aquí muchos amantes del trecking a disfrutar de este extraordinario entorno.

Luego de un liviano almuerzo, más bien una picadita, y una merecida siesta, nos equipamos con los grampones, piquetas, arnés, mosquetones, cuerdas, tornillos para hielo,…. y junto a Crai vamos a realizar unas prácticas de escalada en las profundas grietas del glaciar Overa Negro, cercano, tan solo a pocos metros del refugio. ¡Que excitación rapelar en medio de este mundo de mágicas formas y colores formado en los glaciares!… Azules, turquesas, verdes, aguamarinas… Maravillosas tonalidades son irradiadas por los rayos solares en su choque con los cristales del hielo… Grandes cuevas, túneles subterráneos, un mundo de cavernas heladas en estas profundidades… Una vez abajo, hay que subir, una piqueta, la otra, un pie apoya, el otro sube, de vuelta la piqueta… Varios resbalones, la técnica de esta escalada tiene sus secretos, hay que encontrarlos, algo, aun me falta descubrir… No es poco el esfuerzo, son varios metros verticales, en casos extraplomados…

Ya esta cayendo el sol, volvemos al refugio y nos entregamos a disfrutar unos riquísimos mates sentados sobre unas rocas, apreciando el imponente paisaje que nos rodea… El Tronador, al poniente, se entrecorta majestuosa y terrible sobre el intenso azul de un cielo, resplandeciente, por efecto de los rayos del sol en el candor purísimo de los glaciares y nieves que cubren sus llamativas cumbres… Al levante las góticas agujas que forman los cerros Catedral, Capilla y López…. Al sur la cadena de los Andes Australes, una larga vista de gigantes moles con su cumbres blancas, una tarde perfecta, no hay nubes que las tapen…

Temprano aun y gracias a la gran pericia culinaria de Pablo tomamos una buena comida y nos vamos pronto a descansar… Si continua el buen tiempo saldremos para la cumbre bien temprano por la mañana… El refugio Otto Meiling cuenta con una planta baja donde funciona el espacio de bar/comedor con cocina integrada, los baños y una pequeña área de administración, depósito y bodeguita de buenísimos vinos… Y un primer piso, o mejor descripto como un gran altillo, lleno de colchones, hasta cuatro hileras de quince colchones, donde uno lleva su propia bolsa de dormir.

A las tres de la mañana Crai nos despierta y nos da la fausta noticia de que el tiempo es espléndido… Un buen desayuno y nos ponemos en marcha a las cuatro. El cielo está extremadamente límpido, cuajado de innumerables estrellas, la luna en su cuarto creciente, resplandece en el campo blanco de los hielos y nieves; Hay un gran silencio, todo reposa en una paz soberana, la gran luminosidad nos permite avanzar sin necesidad de nuestras linternas frontales. Realizamos nuestros primeros pasos hacia unas rocas cercanas donde nos colocamos los grampones y formamos la cordada, Crai adelante, yo voy al medio y Pablo cerrando la hilera, a unos diez metros uno de otro, ya que al avanzar por estos glaciares aun recubiertos por la nieve del invierno pasado, se corre el peligro de caer en alguna grieta aun oculta.

Así encordados, con la nieve dura por el frío de la noche, seguimos el rápido ritmo que marca Crai. Cuando la pendiente aumenta la marcha se hace más lenta, un paso hacia delante, un imperceptible descanso antes de mover la otra pierna y luego el paso siguiente. Nuestro rumbo inicial es al noroeste, hacia el Filo Lamotte, nos sentimos bien, fuertes, procuramos evitar el zigzageo, por momentos enfrentamos a fuertes trepadas, hay que alcanzar la cota de los 2400 metros… Aquí cambiamos el rumbo hacia el suroeste, es larga la travesía, ahora suave la pendiente… A nuestro frente sobresale, como el enorme lomo de una ballena blanca, los hielos y nieves del Filo La Vieja, hay que cruzarlo…

…Tan solo el ruido de las puntas de los grampones al penetrar en la nieve acartonada y el murmullo del viento, que a medida que muere la noche comienza a despertar, nos acompaña en estas inmensidades… En el horizonte la luz de la luna y las estrellas reflejan en los cristales de este mar helado formando una brillante alfombra, recortada de tanto en tanto por extrañas líneas opacas… Las peligrosas grietas, profundas heridas aun no cicatrizadas de la montaña, que debemos con tiempo anticipar y evitar.

Son las cinco y media de la mañana…Al traspasar el Filo La Vieja retomamos el rumbo noroeste a través del torrente del glaciar Manso, una gigantesca masa helada que desciende mansamente como un mar en su día más calmo, la nieve que descansa en él forma un gran callejón, una amplia avenida… En su extremo inferior, sobre el corte abrupto de la montaña, se forman colosales y fantásticos seracs que van cayendo, saltando cuan clavadistas al vacío, no sin gran estropicio, sobre el colchón de las viejas cenizas de este volcán… En este lecho de muerte estos gigantes bloques de hielo resurgen, así como el ave fénix, formando el Ventisquero Negro, un glaciar reconstituido de llamativo color grisáceo, mezcla del hielo, residuos de pasadas morrenas y las cenizas volcánicas.

Con calma, pero con rápido paso avanzamos por esta blanca avenida. Solo nos frena el helado y cada vez más intenso viento que desciende encajonado desde la cumbre. Repentinamente, como el abrir del telón, las luces del alba dan comienzo a una impresionante función… En su levante el sol despierta con todo el esplendor de una arcana magnificencia de fuego, luces y colores… En nuestro horizonte los picos del Tronador, sus amenazadores hielos, blanquísimas nieves y su débil pared de roca a pique, arden como un incendio con el impacto de los primeros rayos… A nuestra derecha el imponente paredón del Filo La Vieja, cortado tanto en tanto por hendiduras de alguna profunda grieta… Momentos de gran contemplación, donde espontáneamente nos brota, desde el fondo de nuestra pequeñez, un agradecimiento a la naturaleza, a Dios, como sublime director de esta obra, de esta maravillosa pieza teatral.

Bien pasadas las siete entramos en nuestra aproximación final, recorremos la zona de la Depresión, una gran plataforma de hielo con una imperceptible pendiente negativa surcada por grandes grietas que debemos ir contorneando… Ahora una pequeña pared, no sin trabajo hay que pasarla… ¡Que sorpresa! ¡Que estremecedor!… Los tres picos en su plena visión… Frente a nosotros, por primera vez, el pico chileno, redondeado por sus bellos glaciares, con escuetas paredes de rocas corroídas por el transitar de estos miles de años… Estamos en el collado de la montaña… Conocido como el Col del Viento, por ser un pasaje continuo de los fuertes vientos que entran del oeste… Los bravos vientos del Pacífico.

Ahora si, a todo o nada… nos enfrentamos con la cumbre, el pico argentino… Una escalada intensa, un desnivel de 200 metros, hielo y nieve, grietas, seracs a sus costados, pendientes mayores a los 60º… Ya que somos tan solo tres, nos reequipamos y trepamos encordados a escasa distancia uno de otro… Crai a la cabeza… Lo seguimos, lo más cerca posible, esto nos ayuda, en el andar en la fuerte pendiente, a controlar las ráfagas que nos dispara del viento, embates que sentimos así como garras de un feroz animal en pleno ataque… Vamos que ya estamos, nos alentamos… Un descanso, nos hidratamos, unas frutas secas… Crai sigue… Ahora solo… Va encordado… Fija unos seguros y avanza… Desde abajo lo aseguramos… Ahora voy yo… Luego seguirá Pablo… Si ya estamos… Estamos los tres en la cumbre… Que cumbres, los tres picos del Tronador, majestuosos, implantados sobre mares y ríos de nieves y glaciares… aquí estamos en un lugar más hermoso que cualquier otro – por qué tengo que seguir viaje?

Ahora, recogido, nuevamente en Pampa Linda, revivo esta alucinante aventura, al abrir los ojos y contemplar, como en su momento hiciera Otto Meiling, estas incomparables bellezas… Una y otra vez, como el repiqueteo de aquel pájaro carpintero… Solo en mi cabeza taladran las palabras… Gracias… Gracias Naturaleza… Gracias Dios… Tu obra… Una maravilla… Incomparables bellezas… Un lugar más hermoso que cualquier otro… Solo un Divino Arquitecto pudo hacer este Monte Tronador…

Más fotos: http://www.champaqui.com.ar/tronador.htm
Fuente: ALTO RUMBO – TURISMO ALTERNATIVO (http://www.champaqui.com.ar)