Transpatagonia 2002: querer es poder

22 05 2008

Mariano Loréfice – Experto Aventurarse

Unir los dos océanos por caminos y rutas no es difícil. Pero, hacerlo a través de los Andes por senderos y por la Meseta de Somuncurá, exige hacer camino al andar. Para la segunda edición de la travesía Transpatagonia, tenía preparada una sorpresa. Quería hacer un cruce a los Andes diferente y sólo me faltaba encontrar a los audaces que se atrevieran. Moni Nicola, del gimnasio Pacha de Venado Tuerto, me presentó un grupo de personas que querían vivir una aventura y a quienes, si algo les sobraba, eso era entusiasmo. A ellos se les sumaron algunos participantes más y quedó conformado un equipo de diez ciclistas, muy diverso y desparejo, con gente que en un noventa por ciento no tenía nada de experiencia en travesías de estas características.¿Quiénes están preparados?

Más fácil habría sido ir con ellos a alguna carrera de aventura, donde, llegado el caso, se podrían retirar de la prueba. Pero en esta ocasión no habría posibilidades de abandono: tendríamos que llegar o llegar. Durante los tres días del cruce, quedaríamos sin vehículo de apoyo y sólo con la posibilidad de obtener eventual y limitada ayuda de algún poblador aislado. Cada uno tendría que pilotear su bicicleta por trabados senderos y cargarla por escarpadas subidas, con una mochila, bolsa de dormir y colchoneta.

Confiaba en que las etapas habían sido diagramadas para que les quedara margen e incluso un día de descanso. La experiencia con otros grupos en travesías con características extremas, me había demostrado que tanto chicos, mujeres y veteranos pueden hacerlo. Como ejemplo, en la edición de Transpatagonia del año anterior, Laura Balestra, la doctora del grupo, que no era ciclista ni entrenaba, acompañó en todo el recorrido a sus posibles pacientes, con una bicicleta de acero y horquilla rígida. O el caso de Guido de Giovanni, quien, con 14 años, al igual que Laura completó el recorrido a puro pedal.

Siempre aparecen casos destacables que sirven como buen ejemplo para aquél que tiene una buena bici, entrena a diario y no se anima. Creo que cualquiera, con un entrenamiento medio y ganas, puede realizar las etapas. Lo fundamental son las ganas y no se puede hacer nada ante la desmotivación de la persona más entrenada.

El héroe de la Patagonia

Mientras esperábamos la balsa para cruzar el lago Tagua Tagua, algunos descansaban, tomaban mate, sacaban fotos y contaban historias. Pero hubo alguien que juntaba basura. Para él la basura no era chilena: así como el medio ambiente, era de todos y debía ser juntada. Ese era el concepto conservacionista de Mariano Blatt. ¿Quién sabe si cruzaría la Patagonia?, pero a su paso dejaría la huella invisible de quienes saben andar.

En la región cordillerana patagónica, aún quedan pasos a Chile restringidos a todo vehículo motorizado. Hay muchas huellas y senderos que se pueden trasformar en un obstáculo infranqueable para todo aquel que no esté dispuesto a esforzarse. Pero, ¿para qué esforzarse habiendo caminos? La respuesta la tendrán todos aquellos que vivan la experiencia y se animen a llegar, aunque sea empujando las bicis.

Para unir la aldea de Llanada Grande, en Chile, con el lago Puelo y el Bolsón, hay que descifrar una maraña de senderos que llevan a lugares de una belleza extraordinaria. Bordeando lagos, ríos y cruzando pequeñas pampitas, se pueden encontrar pobladores que se describirían como habitantes del paraíso. Como premio a nuestro esfuerzo podríamos compartirlo con ellos.

En medio del bosque, cuando el cansancio se siente y la luz apenas atraviesa la tupida floresta, podés sentirte perdido. El sendero se hace tan estrecho que apenas puede pasar un peatón. La huella tan profunda y angosta, es una canaleta que labró el agua y apenas deja espacio para los pies. Las manos van ocupadas en empujar la bicicleta y retirar las ramas para abrirnos paso.

La cuesta parece que llevara al cielo. Interminable, nos obliga a resignarnos. Nuestra velocidad apenas alcanza el kilómetro en la hora. La distancia se transforma en un enigma y los cálculos de tiempo nos advierten que de día no llegamos. Por fin termina la subida. No alcanzamos el cielo y lo tenemos que adivinar por encima del eterno techo de vegetación de la selva valdiviana.

La bici se transforma en un elemento de batalla que amigablemente abre la cortina de vegetación y nos permite deslizarnos en las bajadas, rumbo a lo desconocido. De una forma instintiva, como jamás lo habíamos hecho, disfrutamos del dominio de una bicicleta que en ese momento descubría el verdadero mountain bike. Jugamos, nos sentimos chicos y también nos caemos como tales.

Lógicamente, los integrantes del grupo tenían habilidades dispares. Había quienes eran más fuertes en las subidas y quienes eran más hábiles en las bajadas. También teníamos a Dina, sobrecargada de peso y cosas superfluas, como luego admitió ella, y a Mario, ¡quien se había olvidado la mochila!

Pero lo más importante era la gente y las buenas personas que constituían el grupo. Esto fue fundamental para formar un excelente equipo. No faltó quien le cediera a Mario una bolsa de dormir, ni quienes se quedaran atrás para ayudar a Dina, que por suerte no se fastidiaba ni perdía el buen humor.

En mi caso, cargaba dos alforjas laterales, un bolso superior y un trailer Halawa. Mi equipaje estaba constituido por elementos de auxilio y la comida, que era para que 11 personas comieran durante dos días. En las angostas canaletas que a veces teníamos como camino, y entre las piedras, el trailer podía llegar a atascarse. Pero ahí estaban, serviciales para desatascarlo. Quién sabe de dónde les salía la motivación. Todos estaban cansados, pero no dejaban de solidarizarse.

El dominio y el temple de cada uno se pusieron a prueba. El dominio, estrechamente ligado al coraje y a la prudencia en las bajadas. El temple, con la garra, la paciencia y la confianza en las interminables cuestas minadas de rocas, donde la bici se transforma en un lastre. Nos hubiéramos encontrado perdidos si perdíamos la confianza. Era una prueba psicológica, en la que casi todos debieron encontrar el poder de su fuerza interior.

Continúa…

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