En balza de Iguazú a Buenos Aires

21 05 2008

Gracias Federico por acercarnos esta historia. Los invito a leerla:

“Me parecieron situaciones risueñas, algunas disparatadas y otras insólitas—además de riesgosas—las aventuras que vivieron años atrás dos muchachos con poca experiencia y mucha imprudencia” –esta es la explicación de por qué comencé el relato dividido en doce capítulos breves, de una travesía a la deriva sobre el río Paraná entre Iguazú y Buenos Aires. .

Este relato me permitió memorizar las contingencias vividas décadas atrás por dos veinteañeros sin la menor experiencia en viajes ni recursos para realizarlos. Yo era uno de ellos y con mi amigo Toto finalmente hicimos una travesía en embarcaciones improvisadas, navegando a la deriva dos mil kilómetros en uno de los ríos más largos del mundo y uniendo el Iguazú con Buenos Aires..

Un poco por deformación profesional, trataré que este relato resulte entretenido y fácil de leer. Algunos de quienes han leido mi primer narración me han pedido que no la deja espaciada de lunes a lunes porque se podría perder la hilación. Otros me preguntaron si los dibujos son míos y les respondo que sí, que me causó un inesperado placer el graficar algunas situaciones sobre las cuales no pude tomar fotografías en su momento.

Alguien me preguntó sobre el motivo de presentar este relato, a tanto tiempo de ocurrido el suceso. Y contesto que son dos motivos. Uno surgió cuando descubrí entre papeles relegados el cuaderno de viaje, con descripciones que ya había olvidado pero que me resultaron muy amenas y divertidas. Y pensé: “Si esto me divierte a mí, que ya lo conocí, podría ser interesante para otros”.

Y el segundo motivo es que este relato puede explicar que vivir una aventura está al alcance de cualquiera, basta que se anime y tenga verdaderas ganas de vivirla. No hacen falta dinero,  recursos especiales ni siquiera experiencia anterior. Claro que la imprudencia depara peligros que pueden ser muy serios.

Oscar Fernandez Real

Primer Capitulo

Tomar el tren de carga. Linyera con Cruz de Hierro. Personajes de John Dos Passos. Influencia de un vagabundo que fue comandante de un destructor alemán durante la Batalla de Jutlandia, y que guardaba como gran tesoro una Cruz de Hierro. Los linyeras (se llamaban “crotos” por el nombre de un gobernador bonaerense que los autorizó a trasladarse en trenes de carga).

Tomar el tren de carga

La vida de un aventurero puede tener un comienzo diverso, no siempre heroico ni racional. En este mes de enero se cumplieron cincuenta y dos años de mi primera aventura, y quiero contar cómo empecé –siendo apenas un muchacho de barrio, sin mayores recursos económicos– la larga serie de experiencias que ahora forman mi bagaje aventurero.

A mis diecinueve años, recién egresado del ciclo medio de un Industrial de Aviación, yo comencé a trabajar como mecánico de mantenimiento en una fábrica de caños y accesorios de fibrocemento –aún no se había descubierto que el amianto era muy cancerígeno—y allí hice mis primeras armas en la lucha sindical, que pronto abandoné. La cosa era conseguir un salario, ya que por entonces era difícil obtenerlo antes de cumplir con el servicio militar.

Dentro del pequeño mundo de esa fábrica conocí a un grupo de personajes extraordinarios, pero entonces me hice amigo de Jaime Prats, otro mecánico de 24 años a quien pronto admiré pese a su desgarbada pinta de Cantinflas y a sus esporádicas borracheras. Era muy inteligente y sensible, ávido de libros y pletórico de fantasías.

Esa fábrica estaba situada en las afueras de Haedo y al costado de una vía ferroviaria por la que circulaban uno o dos trenes de carga por día. En anchos zanjones que orillaban la vía acampaban linyeras, algunos de los cuales después seguían viaje trepándose a los lentos convoyes.

Linyera con Cruz de Hierro

Nuestro trabajo nos permitía a Jaime y a mí muchos ratos libres, en los que charlábamos y nos intercambiábamos sueños e ilusiones. Una mañana nos escabullimos hasta la vía y hablamos con un viejo que se había hecho una cubierta provisoria con unas chapas y cartones. Nos llamó la atención su actitud, digna y casi elegante, mientras cocinaba un potaje de hierbas y yuyos. Reticente al principio, cuando comprobó que nuestro interés era respetuoso y no mera curiosidad, contestó a nuestras preguntas con un lenguaje culto en el que evidenciaba su origen alemán.

Nos contó que era vegetariano y que hacía años recorría nuestro país, a veces haciendo unas changas pero la más de las ocasiones largándose hacia cualquier rumbo, preferentemente las sierras de Tandil y de la Ventana. Correspondiendo a nuestras preguntas sobre su itinerario y origen, cuando ya sintió algo más de confianza en nosotros extrajo de sus ropas un gran sobre de cuero en el que guardaba papeles y documentos.

Nos sorprendió cuando explicó que había participado en la Primera Guerra Mundial como capitán de un destructor alemán, protagonizando hechos que lo hicieron meritorio de la Cruz de Hierro, pero la decepción por el destino de Alemania  lo había instado a abandonar todo y lanzarse a peregrinar como un ermitaño. Nos contó que había participado en la batalla de Jutlandia. pero cuando la flota se rindió y fue internada en la base inglesa de Scapa Flow los capitanes abrieron las válvulas de sus buques y los hundieron, para no afrontar la indignidad de la rendición.

Cuando nos despedíamos, el viejo extrajo su joya más preciada. Era una Cruz de Hierro con bordes plateados y una larga cinta blanca y negra.
El viejo linyera era vegetariano y contó que en la Primera Guerra Mundial (1914-18) había sido comandante  de un destructor. Nos mostró una Cruz de Hierro, su tesoro más preciado.

LA BATALLA DE JUTLANDIA

La Batalla de Jutlandia fue la mayor batalla naval de la historia hasta la Batalla del Golfo de Leyte en 1944, por cantidad y calidad de barcos, con una diferencia, fue el mayor enfrentamiento artillero naval de la historia.

Mayo-Junio 1916- La batalla de Jutlandia (o Skagerrak) fue la mayor batalla naval desde la de Ecnomo en 256 aC. Nunca desde entonces se han enfrentado tantas naves y tantos hombres… para nada. Ante la superioridad naval británica, la flota alemana había eludido durante largo tiempo el combate y permaneció en sus puertos. El ascenso al mando de su flota del almirante Reinhardt von Scheer, más agresivo que su antecesor, propició que por primera vez la flota alemana saliera al Mar del Norte. La batalla duró dos días y técnicamente no hubo un vencedor. Los británicos perdieron 14 barcos, con 6.100 bajas, y los alemanes perdieron 11, con 2.500 bajas. Pese al resultado relativamente favorable a Alemania, la flota germana no volvió a desafiar durante el resto del conflicto a la Gran Flota británica, permitiendo que esta continuara con su dominio del Mar del Norte. Los alemanes pusieron desde allí  todas sus esperanzas en la guerra submarina.
LA CRUZ DE HIERRO

Al igual que el resto de las Cruces de Hierro de Segunda Clase, está formada por 3 piezas, 2 externas de plata alemana soldadas entre sí que sujetan el núcleo de hierro semimate.   Si bien tiene las mismas dimensiones que la de 1939 (44×44 mm), cada lado tiene 2 mm menos de grosor que la de 1939.  En la parte frontal aparecen, en orden descendente, la corona imperial, la letra W  (en honor al Kaiser Wilhelm II) y la fecha de su instauracion, 1914.  En su parte posterior aparecen, en orden descendente, la corona imperial, las letras FW  (en honor al Kaiser Friedrich Wilhelm III), las hojas de roble, y la fecha de su instauracion (1813).   La Cruz lleva una banda de color blanco y negro, colores representativos de la Alemania de la Primera Guerra Mundial.

Cruces de Hierro de 2da Clase 1813 y 1914,de la colección de Pedro Cortés – Munich

Personajes de John Dos Passos

Con Jaime nos decidimos, estimulados por la lectura de “Manhattan Transfer” de John Dos Passos.. Un día próximo, aún sin definir el plazo, nos lanzaríamos a tomar un tren de carga, para correr aventuras como ese viejo alemán.
Los linyeras de esa playa ferroviaria de Haedo abordaban trenes de carga para viajar por todo el país. Los autorizaba la llamada “ley Crotto” por el nombre de un gobernador bonaerense

No lo hicimos.  Pasó el tiempo y las circunstancias nos separaron. Cuatro años después, una noche me encontré con Jaime en la estación Liniers del Ferrocarril Sarmiento. Apenas cruzamos unas palabras, porque él estaba con su mujer y sus suegros y yo tomaba un tren en sentido contrario. Yo había realizado ya dos viajes aventurados hacia la Quebrada de Humahuaca y navegado el río Paraná en una balsa, desde Iguazú hasta Buenos Aires. 

Suspiró largamente y me abrazó, antes de subir al tren de pasajeros.       

–Pichón (así me llamaba), vos sí que alcanzaste a tomar el tren de carga…

Nunca más lo ví, pero sigo recordando sus gestos pausados y su mirada melancólica.

Los invito a leer el próximo capitulo: Cap. 2: El último hidroavión. Espejitos para los indios. Un loco como acompañante. Hidro con historia de bombas