Perito Moreno: el explorador de la Patagonia

18 05 2008

Francisco P. Moreno, a quien la posteridad conoce como el Perito Moreno, fue sin duda el más importante viajero argentino a las regiones patagónicas. Recorrió esos parajes no sólo por una fuerte e innata atracción por la investigación y la aventura, sino también por un acendrado patriotismo. “Viaje a la Patagonia Austral” narra las vicisitudes de un viaje que reconoce como ilustres antecesores a Charles Darwin en la expedición comandada por Fitz Roy y a George Musters.  
   
Explorador y naturalista argentino (1852-1919). Desde muy joven su afición por las ciencias naturales lo llevó a formar colecciones paleozoológicas, botánicas y antropológicas. Por encargo de la Sociedad Científica Argentina exploró la Patagonia desde Carmen de Patagones, por el valle del río Negro y el Limay, hasta el lago Nahuel Huapi y la cordillera de los Andes. Reconoció el río Santa Cruz hasta sus fuentes, viaje en el cual descubrió el lago San Martín. Posteriormente retornó a la Patagonia y emprendió una nueva expedición por la zona de los lagos. Por sus conocimientos acerca de la región andina austral, fue designado perito de la comisión de límites entre la Argentina y Chile en 1902. Las valiosas colecciones científicas reunidas en sus viajes las donó para constituir el Museo Antropológico y Arqueológico de Buenos Aires, del cual fue nombrado director. Sobre esta base se creó, en 1884, el Museo de La Plata, con nuevas colecciones donadas también por Moreno. Obras: Viaje a la Patagonia austral; Viaje a la región andina de la Patagonia; Apuntes preliminares sobre una excursión a los territorios de Neuquén, etcétera.

Nacido en Buenos Aires el 31 de mayo de 1852, su pasión por la naturaleza, por su tierra y en particular por la Patagonia, constituyeron motivaciones fundamentales que marcaron su accionar.
En 1883, a los 21 años, inició un viaje a la región del Río Negro, con exploraciones que prosiguieron en forma casi ininterrumpida hasta 1880.
Luchó denodadamente para concretar su sueño de un gran museo porque consideraba que era una esperanza importante para el futuro del país. Junto a otros hombres de su época, aspiraba a convertir a la cuidad de La Plata en el principal centro cultural y científico de la Argentina.
Como otros prohombres de su generación, estaba decidido al desarrollo de la ciencia en favor de la patria, y fue él quien decidió llamar a esta institución “Museo de La Plata”, entendiendo que esta nueva institución abarcaría todas las ramas de la Historia Natural.

En los casi veinte años en que se desempeñó como director, Moreno se rodeó de un conjunto de técnicos y científicos, argentinos y extranjeros del más alto nivel. Para la construcción y decoración del magnífico edificio, convocó a prestigiosos arquitectos, escultores y pintores.
Durante su dirección, el Museo alcanzó proyección nacional e internacional.

Los caminos del sur

Científico naturalista y explorador de la Patagonia, conocido como Perito Moreno. Nació en Buenos Aires; su padre había estado exiliado en Uruguay durante el período de Rosas y su madre era hija de un oficial británico que había sido capturado en la invasión de 1807 y permanecido en la Argentina.

Desde su juventud Francisco estuvo fascinado por los libros de viajes; este interés fue avivado aún más por sus contactos con Germán Burmeister, director del Museo de Buenos Aires; antes de cumplir veinte años, había empezado a reunir piedras, fósiles, etc., que habrían de constituir la base de su gran colección; en 1872 un amigo le hizo llegar algunos descubrimientos antropológicos importantes del valle del Río Negro en el sur; desde entonces efectuó reiterados viajes exploratorios y científicos a través de todo el ámbito de los territorios de la Patagonia, abriendo esta desconocida región no sólo a los científicos sino también, exponiéndola a través de sus escritos, por vez primera, a la plena atención del país, como una parte de la república que debería ser desarrollada.

Moreno recorre el río Santa Cruz, desde su desembocadura en el Atlántico hasta sus nacientes en la cordillera de los Andes. Llega así a los lagos Argentino y San Martín, a los cuales bautiza con esos nombres, y al lago Viedma. F. Moreno coronó allí una verdadera epopeya pacífica que culminaría pocos años más tarde, cuando el gobierno argentino lo nombra perito en las cuestiones de límites suscitadas con Chile, teniendo en cuenta su profundo conocimiento de la región, al que se unían un absoluto desinterés personal y un inconmovible amor a la tierra donde había nacido.

Francisco P. Moreno nació el 31 de Mayo de 1852.
Una pequeña placa en la vieja casona donde creció, da cuenta del nacimiento y recuerda que a él se debe la creación del scoutismo argentino. Su madre, Juana Twaites, era hija de un oficial inglés de la Reconquista que después de permanecer un tiempo preso se estableció en Buenos Aires.

El padre, Francisco Facundo Moreno, nacido en 1819,luchó contra la tiranía rosista, estuvo exiliado en Uruguay y, de regreso desarrolló una próspera actividad empresaria. Sin el apoyo económico, la comprensión y el estimulo de su padre, el futuro explorador de la Patagonia no hubiera podido emprender sus primeras excursiones paleontológicas en las que aprendió a amar a la naturaleza y sintió intensamente la atracción de lo desconocido.

En realidad, desde muy niño había dado muestras de inteligencia e inclinación por las aventuras. Alguna vez recordó la viva impresión que le produjeron los relatos de las hazañas de Stanley y Livingstone en el África o las de los viajeros que intentaban alcanzar el Polo Norte. Había en él, como en los personajes de Julio Verne, una precoz curiosidad científica y una fuerte tendencia a descifrar los enigmas de la naturaleza. A los 11 años ingresó en el Colegio San José, donde permaneció hasta los 14. Durante ese lapso siguió atentamente las alternativas de la guerra con el Paraguay, lo que fortaleció su sentimiento patriótico así como un vago deseo de heroísmo y el afán de ser útil al país. Pasó luego al colegio de Catedral al Norte, Donde con sus hermanos José‚ y Eduardo alternaban los estudios con las excursiones por las barrancas del río, buscando huesos prehistóricos había instalado un incipiente museo en el mirador de su casa, que ya no era la de Paseo Colón. Allí, después su madre murió de cólera. El padre con los 5 hijos, tres varones y dos mujeres se instaló en una quinta de su propiedad que ocupaba seis manzanas en la zona del Parque de los Patricios.

Al producirse la epidemia de fiebre amarilla, padre e hijos se refugiaron en la estancia de un pariente en Chascomús. En esta etapa de su vida, Perito Moreno vivió un feliz período de aproximación a la naturaleza y vio acrecentarse su colección. Esta era ya tan grande, que su padre, en 1872, le cedió un edificio de la quinta para que trasladara allí su museo. En 1973, fecha en que el padre contrajo nuevo matrimonio, el joven Moreno viajó a Carmen de Patagones.

Allí desenterró flechas, puntas de lanzas, sílices tallados y sesenta cráneos en los que sus conocimientos de autodidacta le indicaban una antigüedad de varios miles de años.

Envió un informe al antropólogo Paul Broca, quien lo publicó en una revista de Paris y logró despertar el interés de varios sabios europeos por el estudio de las razas aborígenes de América. Ese viaje y la repercusión de sus hallazgos fueron su bautismo de fuego. La Academia Nacional de Ciencias de Córdoba lo nombró a los 22 años miembro correspondiente de esta. A los 27 años seria también miembro correspondiente de sociedades científicas de París, Berlín, Roma, Londres y Lieja.

El 17 de octubre de 1877 el gobierno de la provincia de Bs. As. aceptó la donación de sus colecciones y el 13 de noviembre lo nombró director del Museo de La Plata resolviendo que las piezas se conservarán provisionalmente en su poder hasta que fuera posible instalarlas en un recinto apropiado. Durante ese tiempo, el joven científico (tenia 26 años) publicó varios trabajos en que los sostuvo con fundamentos geográficos la defensa de los derechos argentinos en la Patagonia.

En 1879, se lo nombró jefe de la comisión exploradora de los territorios del Sur para estudiar la posibilidad de establecer colonias en la región situada entre los ríos Negro y Deseado. Al aceptar, Moreno pidió como única compensación, el derecho de incorporar a su museo las piezas fósiles que eventualmente pudiera hallar.

La ley 4192 le otorgó como recompensa por los servicios gratuitos prestados al país, con anterioridad a su nombramiento de perito, una extensión de campos fiscales. El 6 de noviembre de 1903 dona tres leguas de esas tierras con destino a la creación de un Parque Nacional, primero en la Argentina y que luego se denominaría Nahuel Huapi.
En 1910, fue elegido entre un grupo selecto de ciudadanos diputado nacional. Su paso por el congreso fue breve pero feliz en iniciativas vinculadas algunas con un tema por el que había manifestado en los últimos tiempos particular interés, la educación. Tanto fue así, que en 1911, renunció a su banca para aceptar el ofrecimiento de la vicepresidencia del Consejo Nacional de Educación. Creó los jardines de infantes para barrios obreros. Estableció el suministro del vaso de leche y pan en las escuelas primarias. Unos años antes había creado la institución del Boy Scout Argentino, filial local de la iniciada en Inglaterra por Baden Powell. En la vieja quinta del barrio de los Pastoricios creó una suerte de asilo en la que recogió a los chicos arrancados de los basurales para alimentarlos e instruirlos.

La fortuna heredada del padre le sirvió también para llevar a cabo mucha de sus innovaciones educativas. Moreno aplicó su dinero al servicio del país y el precio de esa obra patriótica fue la pérdida de todos sus bienes que debió ir vendiendo uno a uno. Se vio obligado a enajenar la quinta del parque de los Patricios y fue cambiando luego de domicilio arrendando casas cada vez más humildes.

Pocos días antes de morir escribió las siguientes palabras: “Tengo 66 años y ni un centavo… Yo, que he dado mil ochocientas leguas a mi patria y el Parque Nacional, donde los hombres de mañana, reposando, adquieran nuevas fuerzas para servirla, no dejo a mis hijos un metro de tierra donde sepultar mis cenizas…”.

Escribía el perito Moreno al ingeniero Frey, el 16 de noviembre de 1919, “Quiero volver al decano de los lagos, el Nahuel Huapi. Quiero hacer lo que pensé siempre realizar, aun cuando deje mis huesos allá. Espero salir de aquí a fin de mes o principios del entrante.
El Congreso Nacional sancionó en 1934 la ley ll918 por la que se disponía erigir un mausoleo en la región de Nahuel Huapi para depositar sus restos, lo que se concretó en 1944.

Desde entonces, las cenizas de este héroe civil, junto con las de su esposa, yacen en la Isla Cantinela en medio de la majestuosidad, la belleza y el silencio del lago, los cielos y el ancho cielo austral. La mayor parte de las personas que visitan hoy estos parajes de impronunciable hermosura ignoran la vida novelesca y a la vez noble, desinteresada, patriótica, de quien fuera su descubridor y al mismo tiempo inspirador de tantas acciones que contribuyeron, sin metáfora, a engrandecer al país.

Sus viajes

Con la cooperación de la Sociedad Científica Argentina y del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires el joven Moreno, tenía entonces 23 años, partió de Buenos Aires en septiembre de 1875. Su propósito era alcanzar el lago Nahuel Huapi, al cual no había llegado ningún hombre blanco viniendo desde el Atlántico y desde allí seguir a Chile. En esa época el ferrocarril llegaba a Las Flores y desde este punto se seguía por la mensajería al Azul, Bahía Blanca y Patagones, a través de tierras casi desiertas Y expuestas al ataque del indígena.

Con un presidiario, Manuel Silva, como asistente 4 indios y 30 yeguas se dirige hacia el Oeste bordeando el río Negro y luego el Limay. Llegando al Collón Cura, era necesario obtener la autorización del cacique Shaihueque, poderoso señor de la región de las Manzanas (Manzana-geyú), quien dominaba los pasos a Chile. Los consejeros del cacique, Loncochino y Valdés, convencen al mismo del peligro que entrañaba para el “Gobierno de las Manzanas” que los argentinos conocieran los pasos fronterizos cuando Argentina y Chile proyectaban avanzar sus fronteras.
En el llano de Quem-quem-tren se realizó una Junta de Guerra, que ratificó al parecer del cacique: Moreno, debía regresar por donde había venido.

De regreso de una visita a las tolderías del cacique Ñancucheo, consigue convencer a Shaihueque, gracias a los buenos oficios de Quinchauala.
Shaihueque para asegurarse de que Moreno no se ausentaría más de una semana, plazo máximo concedido, lo autorizó a que llevara sólo “el montado” y como provisión de boca para toda la comitiva sólo una oveja. Siguiendo el curso del Limay, el 22 de enero de 1876 llegó al lago. Honda emoción al audaz joven al contemplar ese maravilloso panorama vedado para sus compatriotas. Era el primer hombre blanco que llegaba al lago desde el oriente. Bebió con gozo sus aguas.. La tentación de seguir adelante y visitar el lago era grande, pero la orden de regreso del señor de la región era concluyente. De regreso a Caleufú le esperaba una amarga sorpresa. El cacique Chacayal, su enemigo, lo acusaba de espía y pedía su corazón. La serenidad de Shaihueque calma al desconfiado cacique que permite el regreso. Moreno no demora un momento en partir. A revienta caballos regresa para prevenir sobre un malón de cuya preparación se había enterado. En Buenos Aires sus noticias son tomadas por temores de un muchacho asustado. El malón se produjo y causó muchas víctimas y pérdidas de animales.

Tres años tuvo que refrenar Moreno su impaciencia por volver a ver el maravilloso lago sureño. A comienzos de 1879, el Gobierno le encomienda la exploración de la costa patagónica, para ubicar territorios aptos para colonizar. Se lo proveyó de un barco inadecuado, el” Vigilante”, de 100 toneladas, más conveniente para la navegación fluvial que marítima.
Mientras el “Vigilante” recorre la costa, Moreno con Francisco Bovio, dos marineros y dos indios, aprovecha para dirigirse hacia la cordillera que lo atraía como imán irresistible.

Sale de Viedma el 11 de noviembre y comienza a costear el río Negro. En este trayecto incorpora como guías, al mestizo Hernández y al indio Gavino. Se apartan del río con rumbo SO. y por Valcheta y Maquinchau llegan a Tecka donde son recibidos por los caciques amigos Incayal y Foyel. Con alegría ve flamear la bandera argentina en la toldería. Esta bandera se la había regalado Moreno a Utrac, hijo de Incayal que se alojó en su casa cuando estuvo en Buenos Aires. El 8 de enero abandona la toldería acompañado por Utrac rumbo al gran lago.

En este viaje, Moreno descubre que la división de las aguas en algunas regiones de la Patagonia no coincide con las altas cumbres hecho nuevo en la geografía hasta ese entonces. Estas observaciones fueron de gran valor para la defensa de nuestro patrimonio territorial en el pleito fronterizo con Chile, cuando le tocó actuar como perito argentino.
En Esquel los abandona Bovio, por enfermedad y en Cholila salva Moreno milagrosamente de un intento de envenamiento de frutillas con leche. Hernández que ingirió mayor cantidad de tóxico, murió un mes después. En esta localidad recibe una carta de Shaihueque, escrita por Loncochino, llena de protestas de amistad e inocencia (se refería a unos indios mapuches, que habían asaltado y asesinado unos troperos, hecho que Moreno denunciara al Gral. Villegas) e invitándolo a su toldería en Caleufú. El 23 de enero descubre el lago que bautizó Gutiérrez y estando acampado junto a un añoso ciprés, que hasta hace poco se conservaba y que Moreno llamara “el Venerable del lago”, es virtualmente tomado prisionero por Loncochino y Chuaiman y llevado a Caleufú como rehén hasta que el gobierno liberara a los indios acusados de asesinar a los troperos.

Moreno consigue despachar a parte de sus hombres para advertir a Bovio y queda con los más fieles, José Melgarejo, Antonio Van Titter, Utrac y Gavino en Caleufú es recibido hostilmente por la indiada y debe comparecer ante el consejo de los caciques, presidido por Shaihueque.
Estaban allí Puelmanque, Molfiqueupu y el feroz Chacayal antiguo enemigo de Moreno.
Por orden del cacique debe escribir al gobierno pidiendo la libertad de los indios prisioneros.

Como salvoconducto para los chasquis portadores de las cartas envía al belga Van Titter. Días aciagos pasan en la toldería, expuestos constantemente a ser asesinados por la indiada y a ser abiertos vivos para ofrecer su corazón a los dioses. Cuidadosamente preparan la fuga. La noche del 11 de febrero huyen Melgarejo, Gavino y Moreno en una balsa bajando las aguas impetuosas del Collón Cura y del Limay luego. Navegan de noche y esconden la balsa de día al principio y luego a la inversa. El 19 llegan a la Confluencia, exhaustos, en el límite de sus fuerzas, hambrientos, con fiebre y heridos. Allí los auxilia un destacamento militar que esa misma tarde se desplazaba a Choele-Choel.

A fines de 1895 regresa Moreno a su querida Patagonia, pero en condiciones muy diferentes. En 1893 el gobierno de la Nación había decidido apoyar esa gran obra de Moreno en pro de la cultura e investigación, que fue el Museo de La Plata. Ahora lo acompaña numeroso personal especializado de las secciones topográficas y geológicas del museo.

La zona a explorar era muy amplia, desde San Rafael (Mendoza) hasta el lago Buenos Aires. A la región del Nahuel Huapi se dirigen. Schiorbeck, Bermichan, Wokff, Soot y Hauthal. Las comisiones se pusieron en marcha a principio de enero de 1896. Para obtener una visión de conjunto visitó a cada uno de los exploradores en el terreno. Sus observaciones y las de sus colaboradores, fueron sintetizadas en una obra “Apuntes preliminares sobre una excursión a los territorios del Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz” publicada por el Museo de La Plata en 1897.
En marzo de 1896 llega al lago Nahuel Huapi. En el lugar en que tuvo su campamento en 1880, estaba el campamento de Schiorbeck a cargo de Bermichan. El panorama había cambiado. Allí se había instalado un colono, José Tauschek y en las proximidades del ciprés gigante, el “Venerable del Lago”, los hermanos Wiederholtz habían levantado el establecimiento San Carlos. Se dirige al Sur y alcanza hasta el lago Buenos Aires y en abril, está de regreso en la chacra de Tauschek, donde recibe el informe de sus colaboradores.
 
Fuente: Viajeros.com – http://www.viajeros.com/article398.html





Patagonia: Don Andreas Madsen

18 05 2008

Desde Dinamarca, llegó a fines del siglo XIX y describió como pocos el sur del país

EL CHALTEN.- Después de una noche de sueño pesado, tras haber cruzado la Patagonia en camioneta desde la costa atlántica hasta la cordillera de los Andes, el despertar también tuvo su emoción. Y no por la sofisticación y confort del lugar, sino por lo que se vislumbraba inmediatamente por las ventanas con las primeras luces de abril.

Desde el suntuoso cuarto-bohardilla en el hotel Los Cerros, establecimiento hermano de Los Notros, frente al glaciar Perito Moreno, sin necesidad de levantarse de la cama se podía ver un paisaje espléndido, imposible de adivinar la noche anterior, al llegar en la oscuridad más profunda.

Montañas cercanas manchadas de nieve, las casas alpinas del pueblo de El Chaltén, un río zigzagueante, su nombre lo define: Río de las Vueltas, y a lo lejos, un bosquecito de álamos amarillentos, casi imperceptibles, pero movilizadores para quien conoce algo de la historia de este lugar.

Precisamente esos arbolitos amarillos, casi mimetizados con una pequeña mancha de bosque, a 1,75 kilómetros en línea recta del hotel, según ese milagro llamado Google Earth, fueron los que provocaron el golpe emocional en este cronista. Los álamos perdidos entre otro follaje o, más probablemente, aislados, son sinónimo de presencia humana en las pampas del sur de América del Sur. En general, una estancia, una chacra o, cuando menos, algún lugar habitado. O habitable.

¿Qué tiene de particular un asentamiento humano allí, frente a El Chaltén, un pueblito hoy considerado la Capital Nacional del Trekking? Es que se trata de los remanentes de la Estancia Fitz Roy, hogar de una de las plumas más entrañables de la literatura de la Patagonia Sur, don Andreas Madsen, autor de La Patagonia vieja .

Es leyenda

Madsen llegó muy joven a la Patagonia, escapando de los padecimientos de su hogar natal en Dinamarca, a fines del siglo XIX. Una de sus primeras tareas fue en la famosa Comisión de Límites, un equipo de exploradores que se internaba en los parajes vírgenes de la Cordillera para deslindar el territorio de la República luego de los tratados fronterizos con Chile. Francisco Moreno y Ludovico von Platten, otro dinamarqués, fueron algunos de los expedicionarios más conocidos, hombres que descorrieron el telón de algunas de las regiones más espectaculares de la Argentina y que, todavía hoy, por fortuna para quienes buscan paisajes vírgenes, están ahí para reencontrarlas.

Poco después, a principios del siglo XX, don Andreas se afincó en el lago Viedma, zona aún no colonizada por la ganadería ovina que, poco a poco, se expandía por todo el sur de la Argentina y Chile.

“Durante el primer par de meses -recuerda don Andreas en las primeras páginas de su libro- ni me di cuenta de mi soledad, tan atareado y entusiasmado estaba con la construcción de mi imperio. ¡La casa propia! Supongo que cada pioneer de verdad habrá sentido la misma urgencia: crear y conquistar sin destruir. El verdadero pioneer no destruye. La destrucción comienza con las grandes compañías y su capital sin alma. ¡Lástima grande que el Gobierno no haya decretado hace cuarenta años una reserva de 20 o 30 leguas para parque nacional en este hermosísimo rincón de la tierra. Cuando cierro los ojos y vuelvo al pasado, me produce tristeza y pesadumbre recordar el bosque de antes, con sus millares de ciervos paciendo apaciblemente, sin temor al hombre; con sus millares de zorros grises, plateados o colorados, igualmente sin temor, que a veces seguían al caballo como perros, o se metían entre éstos, o se sentaban en circulo alrededor del campamento, casi a la luz del fogón, esperando se les lanzara un hueso o un trozo de carne. Reabriendo los ojos, contemplo el bosque de hoy, quemado y desnudo, sin un ciervo en millas y millas; el zorro colorado se ha extinguido, y no es fácil ver uno gris en todo el año.”

Hace ya muchos años que parte de esa zona montañosa y de ventisqueros fue convertida en el Parque Nacional Los Glaciares, como lo reclamaba Madsen en la década del 40, cuando publicaba la primera edición de La Patagonia vieja, su libro más conocido.

Como Madsen, otros pioneros sacaron adelante estancias y establecimientos ganaderos contando solamente con su coraje, su paciencia y pasmosas extensiones de tierra, donde la única presencia humana era la de las últimas generaciones de aborígenes, escasos sobrevivientes de quienes poblaron el sur de la Patagonia por milenios y que ahora se disolvían en las sombras de la historia.

En la mayor parte de las estancias, los descendientes no continuaron con el emprendimiento de sus mayores. Sólo algunas familias aún mantienen la explotación original. En varios casos, sumaron a la ganadería la oferta turística y hoy son parte de Estancias de Santa Cruz, bloque en el que se complementan brindando alojamiento y servicios en diversos puntos de la provincia.

La conocida Estancia Cristina, dentro del Parque Nacional Los Glaciares, es una de ellas. Muy cerca del glaciar Upsala y con acceso único a través de una extensa navegación por el lago Argentino, esta estancia histórica ya no funciona como establecimiento ganadero, sino como sitio turístico.

Así como la estancia de Madsen en el lago Viedma era base obligada para quien quisiera intentar el ascenso de los picos de piedra del macizo del Fitz Roy y el cerro Torre, antes de la era turística, la Estancia Cristina fue el refugio estratégico para varias de las expediciones que se internaron en el Campo de Hielo Sur.

Percival Masters y su esposa, Jessie, establecieron la Cristina a principios del siglo XX. Luego de grandes penurias lograron levantar un establecimiento próspero en las mismas puertas del Hielo Continental. Debido a estar asentada en un Parque Nacional, al desaparecer el último miembro de la línea sucesoria, Cristina es ahora administrada como un resort de cabañas de categoría en uno de los parajes menos conocidos de toda la Patagonia Sur. En cambio, lo que fuera la estancia de Madsen, frente a El Chaltén, se convirtió en un pequeño museo, aunque de difícil acceso ya que no hay un puente que la una con el pequeño pueblo.

Hoy, el viajero urbano puede disfrutar con la visión de la cara bonita de la naturaleza desde confortables hoteles y hosterías. No necesita enfrentar inviernos interminables, esperas eternas de víveres que se demoraban meses ni la ausencia absoluta de medicina, o autoridades, o caminos.

Por Sergio Zagier

De grumete a estanciero

Apenas un niño, Andreas se fue de su casa en Dinamarca con unas monedas en el bolsillo. Recuerda en su autobiografía que su sueño era salir a conocer el mundo y, con lo puesto y unas bolsas de carbón vacías rellenas con periódicos a la manera de cobija, se embarcó en un velero como grumete.

Varios años navegó, mientras transcurría su adolescencia con pequeños barcos por todo hogar, hasta que, a los 19, desembarcó definitivamente en Buenos Aires para buscar suerte en tierra, “rico como un Creso en comparación con cinco años antes”. A los pocos días obtuvo un puesto en la Comisión de Límites y en noviembre de 1901 partió hacia la remota Patagonia. Después de innumerables aventuras volvió a Dinamarca en 1912, “donde encontré libre aún a la novia que a los 7 años me había prometido su mano”. Dos años después viajaron a la Patagonia y “desde entonces han pasado 34 más y todavía estamos en la luna de miel”, confesaba don Andreas en “La Patagonia vieja”, editado por primera vez en 1948 y siempre vigente.

Su esposa, Fanny, falleció en 1950 y Andreas, en 1965. Sus restos descansan junto a dos de sus hijos en un pequeño jardín, entre arbustos y los álamos amarillos del otoño, allí, en esa vieja estancia que puede verse desde la ventana de un hotel en El Chaltén.

Fuente: La Nación – http://www.lanacion.com.ar/1013300
Domingo 18 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa





Vivir Aconcagua – Experiecia vivencial dia a dia comentada en un blog

17 05 2008

Esta vez les hacercamos un blog en donde podrán conocer cómo se vive el día a día, de una travesía inigualable en el Aconcagua.

Los invito a leer el “Epilogo” de esta travesía y a visitar el blog.

En tiempo pasado entre esta experiencia y hoy, me ha permitido tomar cierta distancia de los acontecimientos. El relato fue tomado directamente del diario de viaje, y aquel, escrito con la emoción del momento. No siempre fui justo con mis compañeros, y seguramente, fui demasiado indulgente con mis yerros.

La convivencia en un ambiente tan agresivo no fue fácil. En un grupo relativamente grande, de tan distintas edades y backgrounds diferentes, encontrar un “único” camino resulta prácticamente imposible. El enfoque que se le dio desde un inicio al grupo resultó en una mejor cohesión, y sin dudas, la amistad de largos años con Chavy resultó muy positiva.

Con algunos, sintonicé mas rápidamente, y con otros no resultó fácil.
Sin embargo, creo que si comparamos nuestras vivencias con la de otros grupos en la montaña debemos reconocer que ha sido altamente satisfactoria.

El haber logrado la cumbre fue magnífico. Es indudable que me siento orgulloso, por mi y por el grupo.
Sin embargo, es accesorio. Junto a nosotros, había en la montaña gente que lo merecía tanto o más que nosotros. y no lo logró. El clima, el físico o el ánimo propio no se lo permitieron. Suerte, casualidad, oportunidad o lo que sea nos puso en condiciones de llegar.

Lo más importante de todo esto no fue hollar las piedras de la cima. En estos días, encontré en mi y en los demás cosas que desconocía.

Pude expandir mis límites mucho más allá de mi horizonte. Descubrí fortalezas y debilidades.
Disfruté de momentos simples en lugares maravillosos, que hacen emocionar hasta las lágrimas.
Aprendí a intentar un esfuerzo más, otro paso más adelante, otro metro más arriba.

Leer desde el día 1 http://el-tiki.blogspot.com/2006/09/14.html al día 25 http://el-tiki.blogspot.com/2007/10/al-aconcagua-da-25.html.

 

 

 





Turismo Aventura en la Patagonia: Información para Ascenso al Volcan Lanín

16 05 2008

Dificultad: Alta. Imprescindible estar en muy buen estado físico.

CUMBRE DEL VOLCAN

Epoca: Estival del 1º de octubre hasta el 31 de mayo del año siguiente. Invernal del 1º de junio al 30 de septiembre.

Duración: 2-3 días.

Guardaparque: Tromen (Seccional río Turbio).

Advertencia: Antes de iniciar la ascensión es obligatorio registrarse en la Seccional de río Turbio (Tromen), para ascender por las caras norte y este, y asesorarse sobre las normativas que regulan esta actividad (Presione aquí). En caso de querer realizar la travesía por la cara sur deberá registrarse en la seccional de Puerto Canoas (Huechulafquen).

Además se debe contar con el equipo técnico obligatorio y es obligatorio ascender acompañado con un guía de cordillera y trekking habilitado por el Parque. Cada 8 integrantes de la expedición deberá haber un Guía habilitado.

Atractivo: Impresionante vista panorámica. Aproximación a glaciares. Acceso a la cumbre de mayor importancia y altura del Parque.

 

Descripción: El único trayecto utilizable es el señalizado Camino de Mulas, ya que los restantes se encuentran cerrados por razones de seguridad. Éste accede a los refugios R.I.M. 26 (a 2350 m.s.n.m.) o Club Andino de Junín de los Andes a 2600 m.s.n.m. (C.A.J.A.), habiendo entre ellos aproximadamente media hora de distancia.
Se parte desde la seccional de Río Turbio, donde es obligatorio registrarse, desde allí se accede a un estacionamiento donde comienza el camino. La senda está marcada con estacas rojas y amarillas. Primero cruzará el río Turbio y luego ingresará al camino llamado Espina de Pescado. Los primeros 3 km el camino no tiene grandes pendientes hasta que dobla a la derecha y comienza a empinarse. A partir de allí comienza el Camino de Mulas. Luego de aproximadamente 3,5 km y algunas horas de caminata, se llega al refugio BIM 6, 800 metros más arriba el refugio del C.A.J.A. En caso de querer acceder a los refugios BIM 6 y RIM 26 deberá recorrer 500 metros.
Por más que el camino desde la base hasta los refugios no posee grandes pendientes, de todos modos la dificultad es mediana por haber sectores de acarreo.
Este primer tramo que va desde la base hasta los refugios son aproximadamente entre 5 y 7 horas de caminata.
Se debe pernoctar en estos refugios, para poder continuar a primera hora de la mañana la ascensión, para poder contar con las necesarias horas de luz natural y porque es cuando la nieve aún se encuentra dura. Para esto es necesario que el tiempo acompañe sin viento y con el cielo despejado, en caso contrario es posible que se deba regresar a la base sin poder hacer cumbre.
A partir del segundo tramo, desde los refugios hasta hacer cumbre, la dificultad es superior, con cada vez mayores pendientes.
Se debe ascender por el filo lateral derecho, hasta legar a una pared rocosa, que también se pasa por lado derecho. En la precumbre es posible encontrarse con nieve y hielo, haciéndose necesario recorrer los últimos metros por la depresión de la izquierda.
La cumbre se encuentra a 3776 m.s.n.m. luego de aproximadamente 6 o 7 horas más de caminata. La misma se encuentra cubierta por un glaciar, cuyas paredes tienen aproximadamente 80 metros de altura.
Luego de disfrutar de la hermosa vista panorámica y descansar otro tanto, se comienza el descenso que lleva aproximadamente unas 6 o 7 horas. El mismo puede realizarse en el día o pernoctar nuevamente en los refugios para hacerlo en dos tandas más tranquilamente.

Fuente:tresparques.com.ar / De: http://www.travel-patagonia.com/blog/?p=90





Che Sudamérica – Diario de Via (Blog)

11 05 2008

En esta oportunidad le presentamos un blog, “Che Sudamérica – Diario de Viaje” (186 días por las rutas y caminos de Sudamerica con el Toba)

Por qué Che Sudamérica?
Buena pregunta que varios me hicieron cuando les avisaba por mail la existencia del diario, otros que por el mensaje en mi msn se enteraban.

La idea del diario y el nombre claro que está ligado a los diarios de viaje del Che Guevara, todo nació hace poco cuando volví de la casa museo de Enrnesto en Alta Gracia, en Córdoba. Vistando las distintas salas del museo vi en una vitrina uno de sus diarios de viajes, ni siquiera sé cuál de todos ellos, porque tuvo varios viajes, el diario estaba amarillo, viejo, casi no se podia leer nada pues estaba escrito con tinta de lapicera y pensé, PUCHA QUE PENA, ese texto se ha perdido.

Entonces recordé a mi viejo diario de viajes, mi diario escrito todos los días durante 186 días de mi viaje que se inicia en Rosario (ciudad natal del Che) y que tenía como objetivo los EEUU de norte américa, aunque ya adelanté que no llegué hasta allá, fui muy lejos, además fui y volví por distintos caminos, conocí gente, lugares, historias, mi novia se convirtió en esposa y en el camino se gestó mi primer hija, todo en poco más de 180 días, esos que en un año laboral se pasan sin darte cuenta, en una oficina, fábrica o lo que sea, pero suelto, sin rumbo, en la calle, es toda una vida y te forja, a mi me ha moldeado y hoy soy lo que soy, pienso lo que pienso y decido lo que decido en función de lo que aprendí de la vida en éste, mi primer viaje de largo aliento. Luego claro vendrian más, no tan largos pero si periódicos, cuando empezas a viajar no podés parar, porque viajar es agua para tu mente y alimento para tu alma.

Así entonces me decidí, algunos años más tarde a revivir este diario, a convertirlo en digital, para que no se ponga amarillo, para que no se borre, para que lo puedan compartir y ojalá los entretenga, los anime a viajar y en lo posible que les enseñe algo que no conocían.

Mi pequeño homenaje a El che viajero. Entonces CHE por el CHE, Che porque como me dicen Toba, siempre todos en msn, telefono, o mail dicen CHE TOBA que haces hoy, che Toba sabes cómo…. , che Toba, tenés…? y así también nació CHE TOBA como marca, luego viene incluso el sitio www.chetoba.com.ar desde donde cuelgo algunos de mis proyectos actuales, proyectos de vida ON LINE, sin ataduras, para algún día volver a las rutas, caminos y también por qué no,  MARES !!

Listo, esta es la historia del nombre y digo también que el revivir algo viejo es volver a vivirlo 2 veces. Al que me dijo que no se puede vivir de los recuerdos le digo que quien piensa eso es porque no tiene nada bueno que recordar!!!

Si en la vida sos feliz y haces cosas que te hacen sentir bien pensá que cuando seas viejo y estes sentado en el sillón, con dificultad para moverte, casi sin podes caminar y solo en tu casa, sólo te acompañarán los recuerdos, entonces si viajaste cuando fuiste jóven, con los recuerdos viajarás 2 veces, si fuiste feliz de jóven lo serás de viejo.

Para iniciar y conocer la aventura de este aventurero hace click en el siguiente link: http://www.chesudamerica.com.ar/inicio-viaje-por-sudamerica





Diario de una aventura en el Monte Tronador

11 05 2008

“incomparables bellezas”
“creo que he encontrado la meta de mi vida”
“todo me resulta tan extraño, pero estoy muy tranquilo;
aquí estamos en un lugar más hermoso que cualquier otro – por qué tengo que seguir viaje?”

Otto Meiling, 1924, frases de su diario cuando avisto el Monte Tronador

Me encuentro en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en la frontera de nuestro país con Chile, en Pampa Linda a 850 mts sobre el nivel del mar, la base de una de las montañas más bellas que al momento he tenido la suerte de vivir, el Tronador, un viejo volcán que luego de su muy antigua erupción quedo su cumbre conformada por tres picos, el chileno, el internacional y el argentino.

Su cima fue alcanzada por primera vez por Hermann Claussen en enero de 1934, luego de vanos intentos realizados por encumbrados escaladores que conformaron el incipiente Club Andino Bariloche, entre ellos uno de los grandes pioneros de nuestra Patagonia como fue Otto Meiling.

Sus tres picos están rodeados por varios glaciares que descienden de sus cumbres en forma de bravos ríos de hielo. En su avance descendente, al ir copiando la superficie de las laderas generan distintas formas de grietas, saltos y cascadas, como si fuesen hojas, que se abren y cierran en el pasar de los años, de un gigantesco libro. Estos centenarios torrentes helados siguen su lentísimo curso hasta los 1700/2000 mts, allí sus caras formada por enormes masas resquebrajadas cuelgan, como flecos de una gran alfombra blanca, amenazadores sobre las negras paredes de rocas verticales, surcadas por graciosas y delicadas cascadas. Es impresionante ver caer estos grandes Seracs, saltos de hasta 500mts, y es más sobrecogedor aun el oír su pavoroso estruendo, que repercute siniestramente en los cercanos valles como andanadas de poderosa artillería… de allí su nombre… El Tronador …

Su ascensión se realiza desde el lado argentino. Actualmente nos es recomendable procurar la conquista del pico internacional, ya que por el retroceso de los glaciares su cumbre ha quedado muy expuesta a avalanchas de hielo y a derrumbes de grandes rocas que se encuentran sueltas, varias de ellas en estado muy corroído. Es una montaña extensa, la aproximación a la cumbre es una larga travesía de mediana pendiente que se va recorriendo por sobre de sus glaciares, el ataque final al pico argentino representa una escalada exigente, con grampones, piquetas y preferiblemente encordados, ya que en algunos tramos su pendiente supera los 60 grados.

En esta expedición estuve acompañado por dos guías, de gran formación en escalada y hielo por sus pasos en la región del Chalten. El jefe del grupo fue Crai Ross (un duro descendiente de escoceses, que actualmente trabaja en esta montaña), secundando por Pablo Boticelli, quien vive en San Martín de los Andes, gran conocedor de otro espectacular volcán como es el Lanín.

La llegada a la base del Tronador desde Bariloche se realiza por el sinuoso camino que bordea uno de los lagos más lindos de esta zona, el Mascardi, De aguas color turquesa muy transparentes fruto de deshielos y también de los residuos glaciarios que recibe del Tronador. Su desembocadura forma el río Manso, que luego de turbulentos pasajes, ideales para la práctica del raftting, termina muriendo en las costas del Océano Pacífico.

Ya en Pampa Linda y luego de obtener la autorización de ascensión, comenzamos nuestra marcha bordeando las lechosas aguas del río Castaño Overa, formado por los deshielos del glaciar del mismo nombre… Realizados un par de kilómetros en este camino y nos vemos obligados a cruzar el río utilizando un viejo y precario puente formado por un enorme tronco de un gigantesco cohíue abatido por la vejez… Entramos en la zona del bosque, un mundo vegetal, una gran variedad de arbustos, pasajes de helechos y cañas, musgos, líquenes y criptógamas crecen vigorosamente sobre esta empinada y húmeda ladera…

Transitamos un zigzageante camino, conocido como el caracol, en medio de imponentes cohíues, raullíes y lengas, de edades centenarias, muchos de ellos con mayor antigüedad al descubrimiento de nuestro continente… A medida que avanzamos, comenzamos a ver, con mayor claridad, entre sus verdes copas la grandiosidad de los glaciares que circundan El Tronador… Toda la naturaleza se explaya a nuestro alrededor. ¡Que hermosos contraste! ¡Que estupenda maravilla!… A nuestro paso escuchamos una gran cantidad de cantos y silbidos de diversos pájaros… Un Carpintero sigue su repiqueteo en el tronco de un árbol a pesar de nuestra proximidad…

Seguimos el ascenso, la vegetación y la fauna comienzan a ralearse al ir tomando altura, el suelo cada vez más pedregoso. Nos lleva un par de horas alcanzar nuestra primer parada: La Almohadilla, una pampita a 1400 mts de altura. Hacemos un descanso, aprovechamos a hidratarnos y comer unas frutas secas, enseguida, sin perder calor corporal, seguimos camino por un sendero rocoso en busca del primer objetivo…

… el Refugio Otto Meiling, a 1920 mts, se encuentra sobre una plataforma de rocas abrazada por los largos brazos formados por los glaciares Overa Negro y Alerce, sobre su fondo se elevan majestuosas dos de las cúspides candidísimas del Tronador, ya que por nuestra posición geográfica el pico chileno se oculta como sorpresa sólo para los que se animan a ir en su búsqueda… Este refugio de montaña es uno de los mejor equipado y conservado, con un impecable servicio de hospedaje, tanto por su confort y limpieza como por la cálida atención que brindan todos los que en allí trabajan… Diariamente se acerquen aquí muchos amantes del trecking a disfrutar de este extraordinario entorno.

Luego de un liviano almuerzo, más bien una picadita, y una merecida siesta, nos equipamos con los grampones, piquetas, arnés, mosquetones, cuerdas, tornillos para hielo,…. y junto a Crai vamos a realizar unas prácticas de escalada en las profundas grietas del glaciar Overa Negro, cercano, tan solo a pocos metros del refugio. ¡Que excitación rapelar en medio de este mundo de mágicas formas y colores formado en los glaciares!… Azules, turquesas, verdes, aguamarinas… Maravillosas tonalidades son irradiadas por los rayos solares en su choque con los cristales del hielo… Grandes cuevas, túneles subterráneos, un mundo de cavernas heladas en estas profundidades… Una vez abajo, hay que subir, una piqueta, la otra, un pie apoya, el otro sube, de vuelta la piqueta… Varios resbalones, la técnica de esta escalada tiene sus secretos, hay que encontrarlos, algo, aun me falta descubrir… No es poco el esfuerzo, son varios metros verticales, en casos extraplomados…

Ya esta cayendo el sol, volvemos al refugio y nos entregamos a disfrutar unos riquísimos mates sentados sobre unas rocas, apreciando el imponente paisaje que nos rodea… El Tronador, al poniente, se entrecorta majestuosa y terrible sobre el intenso azul de un cielo, resplandeciente, por efecto de los rayos del sol en el candor purísimo de los glaciares y nieves que cubren sus llamativas cumbres… Al levante las góticas agujas que forman los cerros Catedral, Capilla y López…. Al sur la cadena de los Andes Australes, una larga vista de gigantes moles con su cumbres blancas, una tarde perfecta, no hay nubes que las tapen…

Temprano aun y gracias a la gran pericia culinaria de Pablo tomamos una buena comida y nos vamos pronto a descansar… Si continua el buen tiempo saldremos para la cumbre bien temprano por la mañana… El refugio Otto Meiling cuenta con una planta baja donde funciona el espacio de bar/comedor con cocina integrada, los baños y una pequeña área de administración, depósito y bodeguita de buenísimos vinos… Y un primer piso, o mejor descripto como un gran altillo, lleno de colchones, hasta cuatro hileras de quince colchones, donde uno lleva su propia bolsa de dormir.

A las tres de la mañana Crai nos despierta y nos da la fausta noticia de que el tiempo es espléndido… Un buen desayuno y nos ponemos en marcha a las cuatro. El cielo está extremadamente límpido, cuajado de innumerables estrellas, la luna en su cuarto creciente, resplandece en el campo blanco de los hielos y nieves; Hay un gran silencio, todo reposa en una paz soberana, la gran luminosidad nos permite avanzar sin necesidad de nuestras linternas frontales. Realizamos nuestros primeros pasos hacia unas rocas cercanas donde nos colocamos los grampones y formamos la cordada, Crai adelante, yo voy al medio y Pablo cerrando la hilera, a unos diez metros uno de otro, ya que al avanzar por estos glaciares aun recubiertos por la nieve del invierno pasado, se corre el peligro de caer en alguna grieta aun oculta.

Así encordados, con la nieve dura por el frío de la noche, seguimos el rápido ritmo que marca Crai. Cuando la pendiente aumenta la marcha se hace más lenta, un paso hacia delante, un imperceptible descanso antes de mover la otra pierna y luego el paso siguiente. Nuestro rumbo inicial es al noroeste, hacia el Filo Lamotte, nos sentimos bien, fuertes, procuramos evitar el zigzageo, por momentos enfrentamos a fuertes trepadas, hay que alcanzar la cota de los 2400 metros… Aquí cambiamos el rumbo hacia el suroeste, es larga la travesía, ahora suave la pendiente… A nuestro frente sobresale, como el enorme lomo de una ballena blanca, los hielos y nieves del Filo La Vieja, hay que cruzarlo…

…Tan solo el ruido de las puntas de los grampones al penetrar en la nieve acartonada y el murmullo del viento, que a medida que muere la noche comienza a despertar, nos acompaña en estas inmensidades… En el horizonte la luz de la luna y las estrellas reflejan en los cristales de este mar helado formando una brillante alfombra, recortada de tanto en tanto por extrañas líneas opacas… Las peligrosas grietas, profundas heridas aun no cicatrizadas de la montaña, que debemos con tiempo anticipar y evitar.

Son las cinco y media de la mañana…Al traspasar el Filo La Vieja retomamos el rumbo noroeste a través del torrente del glaciar Manso, una gigantesca masa helada que desciende mansamente como un mar en su día más calmo, la nieve que descansa en él forma un gran callejón, una amplia avenida… En su extremo inferior, sobre el corte abrupto de la montaña, se forman colosales y fantásticos seracs que van cayendo, saltando cuan clavadistas al vacío, no sin gran estropicio, sobre el colchón de las viejas cenizas de este volcán… En este lecho de muerte estos gigantes bloques de hielo resurgen, así como el ave fénix, formando el Ventisquero Negro, un glaciar reconstituido de llamativo color grisáceo, mezcla del hielo, residuos de pasadas morrenas y las cenizas volcánicas.

Con calma, pero con rápido paso avanzamos por esta blanca avenida. Solo nos frena el helado y cada vez más intenso viento que desciende encajonado desde la cumbre. Repentinamente, como el abrir del telón, las luces del alba dan comienzo a una impresionante función… En su levante el sol despierta con todo el esplendor de una arcana magnificencia de fuego, luces y colores… En nuestro horizonte los picos del Tronador, sus amenazadores hielos, blanquísimas nieves y su débil pared de roca a pique, arden como un incendio con el impacto de los primeros rayos… A nuestra derecha el imponente paredón del Filo La Vieja, cortado tanto en tanto por hendiduras de alguna profunda grieta… Momentos de gran contemplación, donde espontáneamente nos brota, desde el fondo de nuestra pequeñez, un agradecimiento a la naturaleza, a Dios, como sublime director de esta obra, de esta maravillosa pieza teatral.

Bien pasadas las siete entramos en nuestra aproximación final, recorremos la zona de la Depresión, una gran plataforma de hielo con una imperceptible pendiente negativa surcada por grandes grietas que debemos ir contorneando… Ahora una pequeña pared, no sin trabajo hay que pasarla… ¡Que sorpresa! ¡Que estremecedor!… Los tres picos en su plena visión… Frente a nosotros, por primera vez, el pico chileno, redondeado por sus bellos glaciares, con escuetas paredes de rocas corroídas por el transitar de estos miles de años… Estamos en el collado de la montaña… Conocido como el Col del Viento, por ser un pasaje continuo de los fuertes vientos que entran del oeste… Los bravos vientos del Pacífico.

Ahora si, a todo o nada… nos enfrentamos con la cumbre, el pico argentino… Una escalada intensa, un desnivel de 200 metros, hielo y nieve, grietas, seracs a sus costados, pendientes mayores a los 60º… Ya que somos tan solo tres, nos reequipamos y trepamos encordados a escasa distancia uno de otro… Crai a la cabeza… Lo seguimos, lo más cerca posible, esto nos ayuda, en el andar en la fuerte pendiente, a controlar las ráfagas que nos dispara del viento, embates que sentimos así como garras de un feroz animal en pleno ataque… Vamos que ya estamos, nos alentamos… Un descanso, nos hidratamos, unas frutas secas… Crai sigue… Ahora solo… Va encordado… Fija unos seguros y avanza… Desde abajo lo aseguramos… Ahora voy yo… Luego seguirá Pablo… Si ya estamos… Estamos los tres en la cumbre… Que cumbres, los tres picos del Tronador, majestuosos, implantados sobre mares y ríos de nieves y glaciares… aquí estamos en un lugar más hermoso que cualquier otro – por qué tengo que seguir viaje?

Ahora, recogido, nuevamente en Pampa Linda, revivo esta alucinante aventura, al abrir los ojos y contemplar, como en su momento hiciera Otto Meiling, estas incomparables bellezas… Una y otra vez, como el repiqueteo de aquel pájaro carpintero… Solo en mi cabeza taladran las palabras… Gracias… Gracias Naturaleza… Gracias Dios… Tu obra… Una maravilla… Incomparables bellezas… Un lugar más hermoso que cualquier otro… Solo un Divino Arquitecto pudo hacer este Monte Tronador…

Más fotos: http://www.champaqui.com.ar/tronador.htm
Fuente: ALTO RUMBO – TURISMO ALTERNATIVO (http://www.champaqui.com.ar)





Expedición Juvenil Aragonesa al Cerro Aconcagua

10 05 2008

En esta oportunidad los invitamos a vivir 3 videos de un grupo de jóvenes aragoneses que partieron desde España en busca de un objetivo, hacer cumbre en El Aconcagua (Argentina). A continuación están los tres videos (muy bien editados) que te permitirán sumergirte en esta espectacular expedición! Que los disfrutes!

Primera Parte:

Segunda Parte:

Tercer Parte: